La realidad virtual ayuda a personas mayores a reconectar y crear vínculos en el mundo real

Como muchas comunidades de retiro, The Terraces, en Los Gatos, California, es un espacio tranquilo para adultos mayores que ya no pueden viajar largas distancias ni vivir aventuras extremas. Sin embargo, gracias a la realidad virtual, sus residentes han encontrado una nueva forma de explorar el mundo… sin salir de su asiento.

Con la ayuda de cuidadores, hombres y mujeres —muchos de ellos octogenarios y nonagenarios— se colocan visores de realidad virtual que, en cuestión de minutos, los trasladan a ciudades europeas, al fondo del océano o a experiencias tan intensas como un vuelo en ala delta. Todo ocurre mientras permanecen reunidos, compartiendo la vivencia.

La programación es desarrollada por Rendever, una empresa que ha logrado transformar una tecnología a menudo asociada al aislamiento en una herramienta para fortalecer la cognición y fomentar la conexión social en más de 800 comunidades de jubilados en Estados Unidos y Canadá.

Durante una sesión realizada este año, varios residentes remarón desde sus sillas mientras “nadaban” con delfines. “¡Nos sumergimos bajo el agua sin tener que aguantar la respiración!”, comentó entusiasmada Ginny Baird, de 81 años. En otra experiencia, un paseo virtual en globo aerostático provocó exclamaciones de sorpresa y asombro entre los participantes.

La tecnología también permite a los adultos mayores regresar virtualmente a los lugares donde crecieron, algo que para algunos no ocurría desde hace décadas. Para Sue Livingstone, de 84 años, recorrer de forma virtual su antiguo barrio en Queens, Nueva York, fue una experiencia reveladora. “No es solo volver a verlo, sino todo lo que despierta en la memoria”, explicó. “Hay personas que casi no salen de su rutina, pero si prueban esto, descubren que realmente lo disfrutan”.

Adrian Marshall, director de vida comunitaria de The Terraces, señaló que el entusiasmo se contagia rápidamente. “Se convierte en un tema de conversación. Conecta a la gente, crea puentes y les ayuda a descubrir intereses en común”, afirmó.

Rendever, con sede en Somerville, Massachusetts, planea ampliar su plataforma tras recibir una subvención cercana a los 4.5 millones de dólares de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, destinada a investigar cómo reducir el aislamiento social entre adultos mayores que viven en casa y sus cuidadores.

Diversos estudios sugieren que la realidad virtual, cuando se utiliza de forma guiada y compartida, puede ayudar a mantener funciones cognitivas, fortalecer la memoria y fomentar la interacción social. No obstante, especialistas advierten que debe ser un complemento y no un sustituto de otras actividades.

“Siempre existe el riesgo de pasar demasiado tiempo frente a una pantalla, pero usada con propósito puede ser muy valiosa”, explicó Katherine Dupuis, neuropsicóloga canadiense especializada en envejecimiento. “Puede convertirse en una oportunidad para compartir experiencias y asombro”.

Además, los visores resultan más intuitivos para muchas personas mayores que otros dispositivos tecnológicos. “El estereotipo de que los adultos mayores no quieren usar nuevas tecnologías debe cambiar”, afirmó Pallabi Bhowmick, investigadora de la Universidad de Illinois. “Están dispuestos a adoptarlas si tienen sentido para ellos, y también pueden servir para conectar generaciones”.

El origen de Rendever se remonta a la experiencia personal de su director ejecutivo, Kyle Rand, quien fundó la empresa en 2016 motivado por el deseo de ayudar a su abuela a enfrentar los desafíos emocionales del envejecimiento. “El cerebro humano depende profundamente de la conexión social”, explicó. “Personas que apenas se conocen pueden compartir una experiencia virtual y después sentarse juntas a conversar”.

El interés por esta tecnología ha impulsado la aparición de otras compañías, como Mynd Immersive, que también desarrolla experiencias de realidad virtual para adultos mayores. En algunas residencias, estas herramientas incluso se utilizan para acompañar a personas con demencia.

Ese fue el caso de Bob Rogallo, residente de Forum, otra comunidad en Silicon Valley, quien a pesar de haber perdido el habla, disfrutó de una caminata virtual por el Parque Nacional Glaciar, en Montana, durante la celebración de su cumpleaños número 83. Su esposa, Sallie, recordó emocionada los viajes que hicieron juntos durante décadas. “Me hizo desear tener 30 años menos para repetirlo”, confesó.

En otra sesión, Almut Schultz, de 93 años, sonrió y rió mientras asistía a un concierto virtual en el anfiteatro Red Rocks, en Colorado, e incluso intentó interactuar con un cachorro digital que aparecía en su visor.

“Fue una experiencia increíble”, dijo Schultz al quitarse el dispositivo, todavía sonriente. Para ella y muchos otros, la realidad virtual se ha convertido en una ventana que no solo abre mundos, sino también nuevas conexiones humanas.

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