Cualquiera que pase tiempo en Internet sabe que nuestras demografías, preferencias e intereses son monitoreados asiduamente por las grandes empresas tecnológicas con la esperanza de captar más dinero nuestro. Registran nuestras pulsaciones de teclas, el tiempo que pasamos en ciertas páginas web, cuánto tiempo pasamos el mouse sobre diferentes temas.
¿Qué pasaría si esas empresas compartieran la información con un gobierno que intenta rastrear cada uno de nuestros movimientos para determinar no solo si hemos infringido la ley, sino si planeamos cometer delitos?
Esa es la pregunta que la finalista del Premio Pulitzer Laila Lalami explora en su nueva novela “El hotel de los sueños”, publicada este mes.
En esta novela que recuerda la opresión y la alienación social en las obras de Margaret Atwood y Franz Kafka, la protagonista Sara Hussein es detenida en el aeropuerto cuando regresa a Los Ángeles de una conferencia en Londres.
Debido a que un dispositivo para dormir que controla su insomnio permite rastrear sus sueños sin su conocimiento, Sara ha sido considerada propensa a cometer un delito violento y llevada a un «centro de retención» durante 21 días de observación. Ese período es extendido repetidamente de forma unilateral por los empleados del centro por infracciones como usar un peinado no autorizado o merodear por un pasillo.
Sara es marroquí-estadounidense al igual que Lalami, quien ha profundizado en su herencia para novelas anteriores, como «The Moor’s Account», finalista del Pulitzer en 2015. La novela superventas de Lalami de 2019, «The Other Americans», trata sobre la muerte sospechosa de un inmigrante marroquí en Estados Unidos.
Los controles a los que Sara se ve sometida repentinamente provienen de la Ley de Prevención del Delito que el Congreso aprobó después de que 86 personas fueran asesinadas a tiros en vivo por televisión durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl en Miami. La transmisión, vista por 118 millones de espectadores, fue rápidamente cancelada y otras 32 personas fueron asesinadas fuera de cámara.
Los ciudadanos indignados notaron que el pasado del tirador estaba plagado de señales de alerta que podrían haber evitado los asesinatos: varios casos de violencia doméstica, la reciente compra de bump stocks y municiones con una tarjeta de crédito personal, sus quejas contra un médico del equipo.





