La IA espiará los lugares más salvajes para ayudar a proteger fauna en peligro de extinción

Los monos araña de Geoffrey, una especie en peligro de extinción que cuelga en lo alto del dosel de la selva tropical, son esquivos y difíciles de rastrear para los científicos.

Por eso, la bióloga Jenna Lawson escondió 350 monitores de audio en los árboles de la exuberante península de Osa en Costa Rica para espiarlos.

Los dispositivos grabaron los sonidos del bosque y el campo circundante durante una semana, recopilando tantos datos que Lawson podría haber pasado años escuchándolos todos.

En cambio, los introdujo en sistemas de inteligencia artificial entrenados para reconocer instantáneamente los llamados de los monos araña y detectar a dónde se desplazaban los animales. Uno de los estudios acústicos sobre la vida silvestre más grandes del mundo cuando Lawson comenzó el proyecto en 2021, reveló hallazgos preocupantes sobre la salud de un preciado refugio de vida silvestre.

Según un artículo publicado en la revista académica Science este verano, se “necesita urgentemente” más vigilancia de la vida silvestre asistida por IA, ya que aproximadamente el 28% de todas las especies de plantas y animales están ahora en riesgo de extinción. Investigadores de universidades holandesas y danesas demostraron que las técnicas de aprendizaje automático pueden “manejar enormes cantidades de datos y descubrir patrones de sonido, lo que permite estudios ecológicos más rápidos, más baratos y mejores” que pueden ayudar a la conservación de la biodiversidad. Pero aún quedan muchos desafíos técnicos.

El laboratorio filantrópico AI for Good del gigante tecnológico Microsoft anunció este mes que espera responder a algunos de esos desafíos técnicos con un nuevo tipo de hardware y sistema informático para espiar los lugares más salvajes del planeta.

“Esos lugares remotos también son los lugares más importantes de la Tierra desde una perspectiva de biodiversidad”, dijo el científico de datos jefe de Microsoft, Juan Lavista Ferres, en una entrevista la semana pasada por videollamada desde Colombia, donde un equipo de investigación se estaba preparando para probar el nuevo enfoque.

Alimentados por el sol y chips informáticos de IA de bajo consumo, los dispositivos pueden funcionar durante años en lugar de semanas sin intervención humana. Además, pueden transmitir regularmente sus datos en línea a través de satélites de órbita baja terrestre. Se llama Sparrow, abreviatura de Solar-Powered Acoustic and Remote Recording Observation Watch.

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