Expertos alertan sobre hiperconexión tecnológica y su impacto en los vínculos afectivos

Durante el III Congreso de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar (RIEEB), celebrado en Colombia, psicólogos, sociólogos y educadores advirtieron sobre los efectos de la hiperconexión tecnológica en la juventud. Señalaron que el uso excesivo de dispositivos digitales está deteriorando los vínculos afectivos y contribuyendo al aumento de problemas como ansiedad, depresión y violencia entre los jóvenes.

Los especialistas hicieron un llamado a recuperar el contacto humano directo y fortalecer la educación emocional como herramientas esenciales para el desarrollo integral. “No somos nativos digitales, somos nativos vinculantes”, afirmaron, resaltando que la conexión emocional y la empatía se construyen a través de la interacción cara a cara.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, los niños de entre cero y ocho años pasan en promedio más de dos horas diarias frente a pantallas. Esta exposición ocurre a pesar de que la OMS recomienda que los menores de dos años no tengan acceso a dispositivos electrónicos, ya que en esa etapa crítica el cerebro necesita estímulos directos, como el contacto visual, el juego físico y la interacción verbal con cuidadores.

La exposición temprana y prolongada a pantallas se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje, dificultades de atención y menor regulación emocional. Los expertos destacaron que la tecnología, si bien es una herramienta útil, no debe reemplazar las experiencias sensoriales y sociales esenciales en la primera infancia.

En el caso de los adolescentes, el uso intensivo de redes sociales y videojuegos ha sido vinculado con altos niveles de aislamiento social, comparación constante y presión por la validación externa. No se han revelado cifras específicas sobre el tiempo promedio de conexión diaria en jóvenes latinoamericanos, ni estudios nacionales que cuantifiquen el impacto directo en salud mental.

Los participantes del congreso insistieron en la necesidad de integrar la educación emocional en los sistemas escolares y en la formación de familias. Propusieron estrategias como la creación de espacios sin pantallas, el fomento del diálogo familiar y la enseñanza de habilidades para gestionar emociones.

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