El bloqueo de China a la compra de la plataforma de inteligencia artificial Manus por parte de Meta colocó nuevamente a la inteligencia artificial en medio de la disputa tecnologica entre Estados Unidos y China, en un contexto marcado por tensiones comerciales y estratégicas que recuerdan a casos como TikTok.
Desde Pekín, las autoridades ordenaron cancelar la operación, valuada en unos 2 mil millones de dólares, y prohibieron la inversión extranjera en la firma, sin detallar los argumentos más allá de que la decisión se tomó conforme a la ley. El freno ocurre a pocas semanas de la posible visita del presidente estadounidense, Donald Trump, lo que añade presión política a un conflicto que trasciende el ámbito empresarial.
La adquisición había sido anunciada por Meta a finales de diciembre y generó cuestionamientos desde sus primeras etapas, debido a que implicaba que una compañía estadounidense tomara control de una empresa china especializada en IA, en medio de una creciente competencia global por el dominio tecnológico. En enero, el Ministerio de Comercio chino ya había anticipado una revisión del acuerdo bajo normas relacionadas con transferencia de datos y seguridad nacional.
El caso toma relevancia por el perfil de Manus, una plataforma que ganó notoriedad en 2025 tras lanzar un asistente capaz de ejecutar tareas complejas con menor intervención humana, posicionándose como uno de los desarrollos más prometedores frente a otros sistemas emergentes en el mercado. Su crecimiento incluso la colocó en la misma conversación que proyectos como DeepSeek, dentro del ecosistema tecnológico chino.

A pesar de que la empresa trasladó parte de sus operaciones a Singapur con el objetivo de facilitar su expansión internacional, la maniobra no evitó el escrutinio de las autoridades. De acuerdo con reportes, ejecutivos clave de Manus enfrentaron restricciones de movilidad, lo que evidenció el alcance del control regulatorio chino sobre compañías consideradas estratégicas.
El bloqueo también revive precedentes como el de TikTok, cuya posible venta en territorio estadounidense derivó en un prolongado conflicto político y comercial. Sin embargo, a diferencia de ese episodio, en esta ocasión China optó por impedir directamente la transacción, lo que refuerza su postura frente a la salida de tecnología sensible hacia capital extranjero.
Analistas señalan que la decisión envía un doble mensaje: por un lado, a las empresas chinas que buscan internacionalizarse, y por otro, a los inversionistas extranjeros interesados en sectores considerados críticos, especialmente la inteligencia artificial. En este escenario, la disputa tecnológica entre ambas potencias adquiere una dimensión cada vez más política, con implicaciones para la seguridad, la economía y el desarrollo global de la innovación.
La incertidumbre persiste sobre el futuro de la operación, ya que reportes indican que Meta podría deshacer la adquisición, movimiento que reflejaría las limitaciones que enfrentan las compañías al operar en sectores calve dentro de China.





